La Ferrari SF-23 y el espejismo de Monza

La metamorfosis sufrida por el monoplaza italiano para la carrera en Monza es más una fantasía que una realidad y por ello no se esperan grandes avances en las próximas carreras salvo unas actualizaciones que llevarán a Catar y a Austin.

Lo sucedido en el Autodromo Nazionale di Monza pareció un sueño ya que no es común ver a Ferrari peleando los puestos de vanguardia en esta amarga temporada 2023. El equipo italiano implosionó luego de la carrera en Francia del 2022 y nunca más recuperó la tonicidad necesaria para poder pelear por ambos campeonatos. Esa crisis le costó su puesto a Mattia Binotto y su posterior reemplazo por Fred Vasseur.

El ingeniero francés se encontró con un equipo destruido moralmente que debió levantar de a poco. No expuso públicamente a los responsables de ese fracaso (Iñaki Rueda y Laurent Mekies) y prefirió tomarse su tiempo antes de comenzar con algunos cambios que mejoraron el desempeño de la escudería puertas adentro aunque el monoplaza haya retrocedido respecto a la F1-75. La primera medida fue practicar mil paradas en boxes para mejorar un ítem en el cual Ferrari hizo agua durante la temporada 2022.

Luego comenzaron los cambios de nombres y algunas actualizaciones para un auto que su diseño fue una clara involución comparado con su predecesor. Teorías al respecto hay muchas y certezas muy pocas aunque David Sánchez (el diseñador de la F1-75 y de la SF-23) ya no forma parte del staff de la casa de Maranello. Diego Tondi (su reemplazante) y Enrico Cardile ya acordaron con Vasseur que el monoplaza de la temporada 2024 partirá desde otra filosofía de diseño. El progetto 676 ya está en marcha y en Italia están muy esperanzados con él.

Las fechas del 1 al 3 septiembre estaban marcadas en rojo en Maranello sabiendo que en esos días se celebraba el Gran Premio de Italia en Monza, algo así como el jardín de la casa de Ferrari. Y no podían dar una mala imagen delante de los tifosi, bastante tienen estos que sufrir carrera tras carrera mirándolas desde una pantalla. La orden de Vasseur fue corta y clara: quería un auto competitivo para aprovechar las características únicas del veloz trazado italiano.

Carlos Sainz y Charles Leclerc no pudieron aguantar el ritmo de los RB19 y terminaron tercero y cuarto respectivamente.

Es hora de tunear a la SF-23

En Maranello se pusieron manos a la obra para la ocasión. Primero vistieron de gala a la SF-23 para homenajear a su hermana la 499P con la cual James Calado, Antonio Giovinazzi y Alessandro Pier Guidi ganaron la edición 2023 de Las 24 Horas de Le Mans. Y luego llegaron los cambios en la configuración del auto para buscar tener una buena performance en casa.

Monza es el circuito más rápido que tiene la Fórmula 1 (por algo le dicen El templo de la velocidad) y la vuelta se da con el acelerador a fondo en el 75 % del recorrido por lo cual se busca tener un auto muy descargado aerodinámicamente y rebajada al máximo la altura del piso. Con esta configuración se podía lucir la unidad de potencia diseñada por Wolf Zimmermann para poder pelearle la carrera al fantástico y temible RB19.

El primer paso que dieron en Maranello fue que ambas SF-23 estrenaran motores con un mapa motor muy agresivo y así poder aprovechar la velocidad punta que tiene el monoplaza italiano. Los trabajos en el apartado aerodinámico se centraron en descargar al máximo los autos y en rebajarlos hasta la altura mínima exigida por la FIA. Debido a ello reapareció el rebote pero no fue un problema grave ni para Carlos Sainz ni para Charles Leclerc.

Esta configuración de la SF-23 le dio muy buen resultado a Carlos Sainz que se quedó con los Entrenamientos Libres 2 del día viernes y con los Libres 3 y la pole position del sábado por apenas trece milésimas sobre Max Verstappen. Charles Leclerc quedó a cincuenta y cuatro milésimas del piloto neerlandés holandés y por ello largó en el tercer lugar.

La gran duda para la carrera no era la velocidad que podían dar los autos rosso corsa sino ver si lograban controlar el desgaste prematuro de sus neumáticos y así tener opciones para triunfar. Monza es un circuito que no degrada excesivamente las cubiertas y allí radicaba parte de la confianza de los hombres de la Scuderia aunque una cosa son los entrenamientos y otra muy distinta la carrera…

La SF-23 se vistió de gala para la carrera en su casa pero no le alcanzó para ganar.

El fin del sueño

Las dudas se disiparon rápidamente ya que Max Verstappen hizo volver a la realidad a los tifosi tras ganar la competencia en el circuito de Monza. Carlos Sainz manejó magistralmente durante todo el fin de semana pero el ritmo de carrera de la SF-23 no servía para poder pelearle mano a mano a los RB19 de Max y de Checo Pérez.

Justamente el monoplaza diseñado por el equipo de Adrian Newey hizo gala de uno de sus mayores atributos y prácticamente no degradó sus neumáticos. Max Verstappen le había avisado a Gianpiero Lambiase en la vuelta 5 que la SF-23 de Carlos Sainz ya estaba deslizándose debido al desgaste prematuro gomas. El piloto español resistió todo lo que pudo hasta que en el decimoquinto giro sucumbió ante una bloqueada inoportuna y la presión de Max.

Más tarde ni Charles primero ni Carlos después pudieron frenar el incontenible avance de Sergio Pérez que lo llevó al segundo puesto y así firmar el 1-2 para Red Bull. Allí se acabó el sueño de obtener una victoria y recibir una brisa de aire fresco en un mal año para el equipo. Ferrari apostó todo a conseguir un triunfo en Monza y casi acierta un pleno inolvidable aunque se olvidaron que el croupier era Max Verstappen…

La degradación excesiva de los neumáticos es el gran punto débil de la Ferrari SF-23.

Fotos: gentileza Red Bull Content Pool y Scuderia Ferrari.

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