O Alpine cambia su enfoque o seguirá el camino de Toyota

El equipo francés está encarando su tercera refundación desde su vuelta a la Fórmula 1 en 2016. Siempre cometió los mismos errores y deberán corregirlos a la brevedad para no terminar marchándose de la categoría tal como le sucedió al gigante japonés Toyota.

Llevar un modelo de gestión empresarial a la Fórmula 1 es sinónimo de fracaso garantizado. El Gran circo no se mueve con la misma lógica de las empresas tradicionales y por ello quien esté dispuesto a invertir dinero en ella debe saber que la toma de decisiones debe ser muy rápida (sin ningún tipo de burocracia) y que el retorno del dinero aplicado al equipo llevará su tiempo. Y que para poder ganar hay que invertir demasiados morlacos que tampoco son garantía de éxitos asegurados.

Esas son las premisas que en Alpine se olvidaron de repasar al momento de volver a la Fórmula 1 con equipo propio en la temporada 2016. Si en el cóctel se agrega que no tienen clientes para venderles sus plantas motrices y unos resultados deportivos frustrantes (una sola victoria a manos de Esteban Ocon en Hungría 2021) entonces el resultado es francamente espantoso y lleva a replantearse como está concebido el organigrama del equipo. Y esto va más allá de los nombres.

En las últimas semanas fueron cesanteados en sus funciones Laurent Rossi (antes de la carrera en Hungría), Otmar Szafnauer y Alan Permane mientras que Pat Fry decidió aprovechar una oferta de Williams y se tomó el buque unas horas antes que estos despidos sean oficiales. La desprolijidad fue tal que las destituciones se conocieron en el paréntesis entre el final de la única sesión de entrenamientos libres que hubo en Spa-Francorchamps y el comienzo de la clasificación para la carrera del domingo en el circuito belga.

Esta purga llevada a cabo por Luca de Meo es para buscar un reacomodamiento interno pero si la inversión en Fórmula 1 sigue siendo escasa (Alpine siempre gastó unos cien millones de euros al año, bastante lejos del límite presupuestario) poco podrá hacer Mattia Binotto o quien se haga cargo de la dirección del equipo para revertir esta situación. Y ello llevará indefectiblemente a plantearse si conviene estar dentro de la Fórmula 1 o si deberán seguir el camino de Toyota y Jaguar y abandonar la categoría.

El CEO de Renault ya manifestó públicamente que pretende convertir a Alpine en la nueva Ferrari, quiere que la escudería con sede en Enstone sea motivo de orgullo para los franceses tal como lo es la casa de Maranello para los italianos. Esto significa darle al equipo un fuerte sesgo de identidad que indefectiblemente tiene que ir acompañado por una gran cantidad de triunfos. Perder de manera sistemática no garpa

Luca de Meo quiere transformar a Alpine en la Ferrari francesa.

El triste caso de Toyota

Anunciaron su arribo a la Fórmula 1 con bombos y platillos para la temporada 2002 (en el 2001 se dedicaron a realizar tests con el TF101 pilotado por Mika Salo y Alan McNish) pero apenas pudieron mantenerse ocho temporadas en la categoría cuando debieron marcharse. Oficialmente se comunicó que lo hicieron debido a la crisis económica del 2008 que afectó a todo el planeta y a que querían concentrar sus recursos en las carreras de resistencia y en Las 24 Horas de Le Mans.

Las verdaderas causas del abandono de la casa japonesa con sede en Colonia fue que estaban gastando una enorme cantidad de dinero que no les proporcionaba ningún tipo de éxito. En 2008 el presupuesto del equipo Toyota fue de 445 millones de euros, casi dos veces y media de lo permitido en la actualidad. Invertir demasiado efectivo y no ganar ni una carrera no es una buena ecuación para sobrevivir en la Fórmula 1…

En aquellos años no había ni rastros del techo presupuestario. Tratar de imponer la filosofía Kaizen en un equipo de F1 puede resultar contraproducente tal como les sucedió a los japoneses. Su retiro de la categoría fue total, absoluto y de efecto inmediato ya que dejaron a equipos como Williams sin motores para la temporada 2010. Llegaron con todas las ganas e ilusiones de poder pelear en pocos años por victorias pero nunca pudieron cumplir las metas trazadas. Por caso se habían propuesto ganar su primera carrera en la temporada 2006.

Consiguieron trece podios, tres poles positions y tres vueltas rápidas a lo largo de sus ocho años en La Máxima, demasiado poco para lo que anhelaban. Su mejor temporada fue en el 2005 cuando terminaron el cuarto lugar del Campeonato de Constructores con 88 unidades en su haber. Demasiado poco como para tirar dinero en un agujero negro que no les reportó absolutamente nada. El resto del tiempo estuvieron más abajo en la tabla de Constructores. El final de la aventura en la Fórmula 1 era cantado.

Ralf Schumacher a bordo del Toyota TF 105 de la temporada 2005, la mejor que tuvo el equipo con base en Colonia.

La disyuntiva de Alpine

El deseo de Renault al momento de volver a tener una escudería propia en la Fórmula 1 en el 2016 era que el equipo pueda pelear mano a mano con Mercedes y Ferrari (las referencias de aquel momento) luego de unos años pero el plan fracasó estrepitosamente. El cambio reglamentario del 2022 les dio una nueva oportunidad pero los niveles de inversión fueron menores a lo establecido por el techo presupuestario. Solamente se destinaron 95 millones de dólares para el A522 siendo el límite de 140 millones de la misma moneda.

La posible llegada de Mattia Binotto como Team Principal no cambiará absolutamente nada si el ingeniero suizo no logra convencer a Luca de Meo que para ganar deberán invertir mayor cantidad de dinero y que las tomas de decisiones deben ser más rápidas y sin tanta burocracia como en una empresa como Renault. La Fórmula 1 exige rapidez no sólo dentro de la pista sino fuera de ella. Tener determinación y reflejos para actuar velozmente significan una menor pérdida de tiempo, recursos y dinero.

El equipo francés deberá reclutar ingenieros para suplir la partida de Pat Fry y Alan Permane pero eso sólo no les alcanzará para ser un equipo competitivo ya que también deberán buscar algún piloto que sea un líder nato para reemplazar a Esteban Ocon o Pierre Gasly. El rendimiento de ambos no está mal teniendo en cuenta el auto que manejan pero a Alpine le hace falta alguien de mayor jerarquía. Tuvieron a esa persona con Fernando Alonso pero todo terminó mal cuando Nano anunció su vínculo con Aston Martin.

Dejar las cosas como están solo con un cambio de nombres llevará indefectiblemente a la implosión del equipo más temprano que tarde. Lo sabe Luca de Meo y por ello deberá darle más autonomía a quien llegue como jefe de equipo tanto en lo financiero como en lo deportivo. Cualquier otra determinación condenará a Alpine a seguir los pasos de Toyota.

Alpine está viviendo momentos de incertidumbre respecto a su futuro.

Fotos: gentileza Alpine F1 Team y Toyota.

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